A 50 años de ganar el
Cruce del Canal de la Mancha (1959-2009)
ENTREVISTA CON ALFREDO CAMARERO
H: 1959: Eran otros tiempos, un mundo menos globalizado, grandes costos en llamadas internacionales, otras distancias para viajar a Europa (usualmente barco), ni que hablar de Internet…: ¿Cómo te pudiste informar de las características técnicas de la carrera? (temperatura, recorrido, mareas, dificultades)?
AC: Ganar el canal de la Mancha la verdad es que me llevó tres años. Tuve que ir 3 veces a Inglaterra, primero me informé por la asociación que me daba informaciones técnicas de la prueba, después averigüé por capitanes de barcos argentinos que pasaban por el Canal de la Mancha. Tenía la carta marina y me asesoraba con respecto a las corrientes. Pero también era necesario tener experiencia propia en lo que es nadar en aguas frías, porque acá el Río de la Plata tiene 24º y el Canal de la Mancha tiene 16º. Por lo tanto no sabía cuál era mi capacidad en el frío.
H: Aguas frías, gran distancia de nado, competidores de todo el mundo… antes de largar, ¿pensabas que ibas a llegar en primer lugar?
AC: Siempre me entrené muchísimo para hacer lo mejor de lo que podía. Después cuando llego, pregunto cómo entré. Pero no podés decir que vas a ganar en un lugar natural, donde ya el lugar en sí es difícil y por supuesto a los rivales también hay que respetarlos… Siempre la idea de ganar tácitamente está, está la idea de hacer lo mejor, y si uno lo hizo bien, el resultado también viene. Por eso quizás gané la prueba.
H: ¿Qué significa para un nadador cruzar el Canal de la Mancha?
AC: Mirá creo que sería el diploma de larga distancia. Porque para todos los nadadores que participan en pruebas abiertas la idea siempre es cruzar el Canal de la Mancha. Además tiene una atracción muy especial, por lo difícil, porque une dos países (Francia e Inglaterra). Porque hay una asociación que se respeta desde el año mil ochocientos noventa y tantos y eso le da fama.
La idea es siempre cruzar el Canal de la Mancha como un desafío a la naturaleza. Vendría a ser el diploma de aguas abiertas.
H: Este fue un cruce en el que ganaste la competencia con un tiempo de 11 horas y 48 minutos de nado: ¿cómo fue tu preparación para el cruce, entrenamiento, comida?
AC: En esa época (años 50) no se conocían muchos tecnicismos como hay ahora, en relación a la alimentación, a la medicación y a un montón de recursos que uno puede recurrir desde la medicina. En ese entonces era todo un poco intuitivo. Y yo tenía un poquito de intuición. Y todo lo que me hacía bien lo trataba de hacer. Trataba de hacer un entrenamiento lo más alegre posible. Por ejemplo en esa época nadie corría, y yo corría, me gustaba hacer boxeo, entonces hacía boxeo. Hacía pesas, cosas que en esa época NO se hacía.
Pero bueno, como no había una orientación, y nadie me podía decir que esto era lo ideal y que esto otro era lo que no debía hacer… Yo hacía lo que presentía me hacía mejor y me daba resultados en el agua. Además buscaba que el entrenamiento fuera divertido. Nadar muchas horas me aburría. Entonces buscaba correr, hacer pesas, hasta clavas* hacía en esa época, cosa que no se usa más. Pero creo que siempre hay algo que se pueden rescatar de las cosas de antes.
H: ¿Tenías alguien que te asesoraba o fuiste totalmente autodidacta, copiabas a algún modelo, referente, entrenador?
AC: Primero cuado nadaba en pileta, antes de dedicarme a aguas abiertas, en Gimnasia y Esgrima tenía un muy buen entrenador, Castaño, que fue a las Olimpíadas, en pileta. Pero después en aguas abiertas no había experiencia, entonces teníamos que manejarnos un poco intuitivamente.
Tenía un amigo que era Miguel Maciel y que me acompañaba a todas las pruebas. Su padre había sido también nadador de larga distancia, Romeo Maciel, y había establecido en una época el récord del mundo en permanencia en el agua. Fue toda una época difícil en relación al conocimiento técnico y científico que hay ahora.
Así que mucho era intuitivo. Y en algunas cosas la embocabas y en otras no la embocabas. Y eso me dí cuenta con el tiempo, en qué le había embocado y en qué no.
H: ¿A qué hora comenzó todo? ¿Desde dónde largó el Cruce del Canal de la Mancha?
AC: La concentración era en Inglaterra y después nos trasladaban a Francia para la largada.
Todo comenzó a la media noche. La carrera se largaba desde Francia, desde el Cabo Gris-Nez, y todos los nadadores salían de Inglaterra rumbo al Cabo Gris-Nez en barco y después en bote porque no había puerto. Entonces había que dejar el barco a unos 500 metros de la costa y llegar en bote a remo al punto de largada. Ese trayecto se hacía en el mismo barco que iba a acompañar a cada nadador.
Cuando iba en el barco eso sí… me acuerdo bien, miraba por el ojo de buey el mar, y yo jamás pensaba que yo iba a nadar ahí, miraba como si fuera un curioso, estoy viendo este paisaje…. pero no pensaba que iba a nadar en ese mar, mejor dicho no quería pensar, si pensaba no iba (Alfredo se sonríe).
H: ¿Y cómo fue el viaje hasta el viejo continente?
AC: Viajamos en barco, casi todos los viajes los hacíamos en barco, con mi amigo Miguel Maciel siempre.
Primero había ido a Italia a correr Capri-Nápoles y después de ahí me manejé en tren, hasta el último tramo a Inglaterra.
El viaje en barco fue a Italia directamente, tardó unos 20 días.
Nadaba en la pileta del barco, que tenía unos 10 o 12 metros. Por eso es que nadaba atado, en el lugar. Hacía lo que podía dentro de las posibilidades de un barco.
H: Si revivieras ese cruce y la preparación ¿hubieras hecho algo distinto hoy?
AC: Hubiera hecho muchas cosas distintas. Sí, porque hubo cosas en las que me equivoqué y cosas en las que las acerté. Por ejemplo la alimentación: hoy en día se controlan mucho las calorías, pero por aquel entonces era todo muy intuitivo. Uno de mis platos favoritos era comer muchas bananas y por día me comía 7 u 8 bananas. Después me enteré cómo funcionaba. Con el tiempo en un Congreso de Favaloro les comentaba a los expertos el entrenamiento que había hecho la alimentación que había hecho y me decían “claro esto era por eso” y recién me estaba enterando de que lo que había hecho había servido, de casualidad sirvió. Hoy creo que están todas las ciencias en el deporte, no solamente el entrenador, el psicólogo, el fisiólogo, la biomecánica, en fin entran todas las ciencias al lado de un deportista.
H: ¿Hubo algún momento de miedo?
AC: Al miedo lo desecho, hay palabras que no estaban en el diccionario mío. El miedo, el no llegar, el frío, el cansancio, esas palabras no existían. Ni siquiera las razonaba, no las dejaba entrar a la mente.
H: ¿Después del cruce hubo alguna fiesta? Me imagino que debía de haber muchas admiradoras merodeando?
AC: Las cosas se van presentando en el momento. No te voy a decir que vas y sos el fenómeno, y que te buscan todas. No, eso es mentira, no te buscan nada. Te la tenés que rebuscar igual (risas).
Siempre cuando hay una prueba de este tipo se hace una fiesta y se invita a todos los embajadores y se homenajea a cada país y especialmente al que ha ganado. Hubo una entrega de premios donde los organizadores lógicamente ponen a los sponsors, que se interesan obviamente por la publicidad, y aparece el periodismo.
Como es una prueba de orden mundial, viene la prensa de todo el mundo y le dan una difusión bastante amplia por ser el Canal de la Mancha.
H: Al día siguiente de la carrera, ¿cuales fueron tus planes?
AC: Descansar. No pensaba, estaba disfrutando ese placer. No quería avanzar más en el pensamiento de cosas ansiosas o ambiciosas. Me quedé disfrutando de ese triunfo.
H: Hoy tenés un lindo grupo de nadadores en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y estás todas las mañanas entrenando a tus nadadores, ¿cuál es tu visión hoy en día?
AC: Prácticamente me dedico a gente que no ha sido experta como nadador, que le gusta nadar y el concepto mío ahora ha cambiado con respecto a la competencia. A la gente que le gusta hacer deporte trato de orientarlos dentro de la natación, trato de motivarlos para hacer pruebas de aguas abiertas que es lo que me gusta a mí también y lo transmito, pero trato de evitar la palabra competencia. La competencia produce un stress más y es gente que viene estresada por su trabajo o por lo que fuere. Entonces acá vienen a buscar un poquito de desahogo, a mejorar la salud y a mejorar la calidad de vida.
H: ¿Qué papel juega “la cabeza” en la preparación para alcanzar un objetivo?
AC: Yo creo que la mente es muy importante. Hice mucha meditación. Aprendí de grande muchas cosas, aparte de la época de natación en la que lo hace intuitivamente, después con el tiempo descubrí que había otras cosas más, y que todas las cosas están dentro de uno a veces y uno anda buscando las cosas por afuera… La felicidad es una palabra que se emplea muy fácil. Todo el mundo habla de la felicidad, de la felicidad. Y yo diría: ¿Por qué regalan esa palabra que es tan difícil de poder sembrar? La felicidad hay que sembrarla. Yo creo que no te la regala nadie. Pero tampoco podés regalarla así tan comúnmente todos los cumpleaños. No me atrae mucho esa palabra de esa forma. Me atrae “felicidad” si está elaborada, si verdaderamente estás calmo, si estás seguro, si conocés tu interior, eso creo que puede ser felicidad.
H: ¿Qué te pasa por la cabeza al pensar que pasaron 50 años y que lograste esta hazaña, y que cruzaste el canal de la mancha nada menos que en primer lugar?
AC: Mirá todo eso se me olvidó ya, porque creo que lo pasado ya pasó, lo importante es el presente, el futuro. Eso lo tengo como un recuerdo, como si fuera otra persona. O sea tengo todo eso, y me pregunto ¿de quién será eso? Porque a veces también pienso que todo lo que hice no lo debo haber hecho yo, que lo debe haber hecho otro (risas…) ¿Un doble? Ahora a veces lo veo así. No me interesa ya todo eso, hacer alarde, lo único que busco es que este ejemplo pueda servir a la juventud. Si rescato a cualquier chico o cualquier persona de un vicio eso ya me pone contento. Entonces a veces aprovecho esos conocimientos que tengo como ejemplo para poder sacarlos de ciertos vicios que hay tantos en este momento en el mundo. Hay cosas con las que no estoy de acuerdo, hay cosas que no comprendo. Es un granito de arena, pongo el mío, es tratar de rescatar a un ser humano.
H: Tus logros deportivos son un ejemplo para muchos, pero ¿que te dejó a vos tu carrera deportiva y que te deja tu carrera como entrenador?
AC: Me dio mucha alegría, mucha felicidad. Porque como vos brindás cosas a las personas, tenés comunicación, conocés mucha gente y podés transmitir y ayudar a muchos dentro de lo que es el deporte, eso me alegra y me gusta. Estoy muy contento de poder volcarlo en esta profesión. Porque tengo el afecto de todos mis alumnos, que son gente grande, gente pensante, que lo hacen con gusto, con placer. Para mí es nutrirme de ese capital. Ellos me dan alegría a mí. Y yo trato de transmitir lo que puedo.
H: ¿Cómo te gustaría que la gente del deporte te recuerde?
AC: Quizás que sirva para recuperar ejemplos, nada más.
Uno ya hizo cosas, eso ya está impreso. Me gustaría que me recuerden no como una gran hazaña, todo se puede hacer. Todo se puede intentar, el asunto es que cada persona, dentro de lo que hace, ponga todo del interior. Su fuerza, que es una fuerza que voltea montañas. La mente, el esfuerzo interior. Que sirva para buscar nuevos horizontes. Siempre del lado sano, del lado bueno. Creo que el deporte es lo más bueno que hay hasta ahora.
H: ¿Hay algo que lamentás no haber hecho en el deporte?
AC: Sí. A mí me gustaba mucho correr. Me agarró la locura y corrí 42 km. Me encantaba el atletismo. Me hubiera gustado hacer muchas cosas. Por ejemplo, soy un tronco, pero me hubiera gustado hacer gimnasia deportiva, los veo con una acrobacia, un dominio de su cuerpo. El nadador es el más torpe, digamos de coordinación y de movimientos. Yo agarré la natación, pero me gustaban también otras cosas donde había destreza, coordinación, juego de equipo como en el basketball o el futbol. Nunca jugué al futbol porque no tuve la oportunidad y era un tronco, pero creo que me hubiera gustado. Creo que quedaron en el tintero muchos deportes.
H: Muchos cruces, muchos discípulos y además de todo, también formaste una hermosa familia...
AC: Sí, tengo dos hijas, cinco nietos, una esposa, y la verdad es que estoy muy contento porque mis hijas a esta altura de mi vida y por los años que tienen, siguen ejemplos buenos, sus hijos también. Buenos en el sentido de que son buenas personas, son estudiosos, hacen deporte, no están en los vicios. Con eso ya estoy satisfecho con la familia, con eso creo que he conseguido desde una punta del hilo algo que continúa, a través de ellos, desde ya.
H: ¿Qué te gusta recordar de las carreras que definieron tus campeonatos mundiales en aguas abiertas?
AC: Son tan distintos todos. Tengo un gran recuerdo de Italia. Para mí Italia es una cosa muy especial. He recibido muchos honores en Italia. Pusieron una placa en 1994 con el nombre mío y con la nadadora de Capri. Son cariños y afectos del extranjero reconocidos. Eso sí que me alegra mucho, porque es gente que no tiene nada que ver conmigo, estoy tan lejos desde Argentina de Italia, y sin embargo ellos recuerdan muy afectuosamente cuando yo estaba en las competencias de Capri-Nápoles. Yo tengo a Capri en un rincón de mi corazón. |